La supervisión humana se ha convertido en la principal competencia laboral que los directivos consideran necesaria durante la adopción de la inteligencia artificial. Así lo indica un estudio de IBM anunciado el 21 de septiembre de 2026, que también refleja la preocupación de los empleados por el posible deterioro de sus propias capacidades al trabajar con estas herramientas.
La investigación, elaborada por el IBM Institute for Business Value junto con Oxford Economics, compara las prioridades de responsables sénior de la fuerza laboral con las inquietudes de empleados a tiempo completo. Para ello, reúne las respuestas de 1.500 directores de recursos humanos (CHRO) y ejecutivos sénior equivalentes en 21 geografías y 23 sectores, además de una encuesta independiente a 8.800 empleados de 28 países.
Los directivos priorizan controlar los resultados de la IA
El 71 % de los CHRO identificó como competencia más esencial la capacidad de supervisar, validar y anular los resultados de la IA. El pensamiento crítico quedó en segundo lugar, con un 57 %, mientras que el 48 % señaló el criterio humano como una capacidad importante para trabajar en entornos habilitados por esta tecnología.
La prioridad no se limita a saber utilizar una herramienta. Implica mantener una persona capaz de revisar sus resultados, decidir si son válidos y detenerlos o corregirlos cuando sea necesario. El estudio sitúa así la responsabilidad sobre el uso de la IA dentro del propio flujo de trabajo, en lugar de presentarla únicamente como una cuestión de automatización.
Los empleados concedieron menos peso al criterio humano: solo el 29 % lo incluyó entre las capacidades importantes para trabajar con IA. Al mismo tiempo, el 60 % afirmó que le preocupaba que esta tecnología pudiera erosionar sus capacidades. El pensamiento crítico fue la competencia que apareció con mayor frecuencia entre las que los trabajadores consideran vulnerables al deterioro.
Esta diferencia no demuestra que la IA ya haya debilitado el pensamiento crítico. Sí revela una tensión concreta: los directivos pueden considerar que la supervisión debe desarrollarse como una nueva capacidad profesional, mientras que los empleados pueden interpretar el mismo cambio como una amenaza para habilidades que ya necesitan en su trabajo.
Definir quién dirige cada flujo de trabajo mejora la claridad
El estudio también relaciona la definición explícita de los flujos de trabajo con mejores resultados operativos declarados. Las organizaciones que distinguen entre procesos dirigidos por personas, asistidos por IA y ejecutados por IA comunicaron una reducción del riesgo del 18 % y una mejora de la calidad del 20 %.
Esas cifras proceden de los resultados declarados por las propias organizaciones. No prueban que las etiquetas causaran por sí mismas la reducción del riesgo o la mejora de la calidad, y la investigación no muestra cómo cambian esos resultados según el sector o la geografía. La utilidad del esquema está, por tanto, en hacer visible la distribución de responsabilidades, no en ofrecer una garantía universal.
La integración de los recursos humanos en la estrategia de IA todavía es desigual. El 46 % de las organizaciones no cuenta con el CHRO al definir esa estrategia, mientras que el 72 % utiliza poca IA o ninguna dentro de su propia función de recursos humanos. La brecha resulta relevante porque las empresas están identificando la supervisión humana como una prioridad mientras muchas aún no han incorporado la función laboral al centro de su planificación tecnológica.
La responsabilidad sigue siendo la decisión clave
Para las organizaciones, los resultados apuntan a una decisión práctica: precisar qué tareas continúan bajo dirección humana, en cuáles interviene la IA como apoyo y en cuáles ejecuta el trabajo. Esa separación debe ir acompañada de una responsabilidad clara sobre la validación y la posibilidad de anular los resultados.
Para los trabajadores, el cambio no depende solo de si la IA está presente, sino de cuánto criterio sigue siendo visible, atribuible y protegido dentro del flujo de trabajo. El estudio sugiere que el pensamiento crítico y la supervisión humana ganan peso como prioridades laborales, aunque muchas empresas todavía se encuentran en una fase inicial de aplicación de la IA en recursos humanos y en sus operaciones generales.
IBM describe una brecha entre la competencia que los directivos quieren reforzar y la capacidad que los empleados temen perder. El reto inmediato no es automatizar por automatizar, sino conservar una autoridad humana identificable sobre los resultados y aclarar quién responde cuando la IA se equivoca.
